La imagen del jefe brillante, seguro de sí mismo y con una enorme capacidad para convencer a los demás suele asociarse con el liderazgo exitoso. Sin embargo, la ciencia viene mostrando que algunos de esos atributos también pueden estar relacionados con rasgos de personalidad menos deseables.
Diversas investigaciones realizadas en los últimos años encontraron que las personas con mayores niveles de narcisismo, maquiavelismo y psicopatía —conocidos en psicología como la Tríada Oscura— tienen más probabilidades de alcanzar puestos de liderazgo. Pero también revelan una paradoja: aunque suelen ascender con mayor rapidez, no necesariamente son quienes obtienen los mejores resultados una vez que llegan a la cima.
Para las organizaciones y los equipos de Recursos Humanos, el desafío consiste en diferenciar el verdadero potencial de liderazgo del simple carisma o la excesiva confianza en uno mismo.
Qué es la Tríada Oscura
La Tríada Oscura es un concepto desarrollado por la psicología para describir tres rasgos de personalidad que, en niveles elevados, pueden generar problemas en las relaciones laborales.
- Narcisismo: necesidad constante de reconocimiento, elevada autoestima y sensación de superioridad.
- Maquiavelismo: tendencia a manipular situaciones y personas para obtener beneficios propios.
- Psicopatía: baja empatía, impulsividad, frialdad emocional y mayor disposición a asumir riesgos.
Tener alguno de estos rasgos no convierte automáticamente a una persona en un mal líder. Todos pueden presentarse en distintos grados dentro de la población. Lo importante es comprender cómo influyen en el acceso a posiciones de poder y en el desempeño posterior.
Un estudio encontró una relación entre la jerarquía y los rasgos oscuros
Una investigación realizada con 355 personas de Alemania y Hungría analizó empleados de distintos niveles jerárquicos, desde personas sin personal a cargo hasta fundadores y CEOs.
Los resultados mostraron una tendencia clara: a mayor nivel de liderazgo, mayores puntajes en los rasgos de la Tríada Oscura.
Lo más interesante es que esta relación apareció de dos maneras diferentes. Por un lado, los propios líderes se calificaban con puntajes más altos en estos rasgos. Por otro, sus propios subordinados también los describían con características similares.
Es decir, la percepción coincidía tanto desde quienes ejercían el liderazgo como desde quienes trabajaban con ellos.
Los investigadores concluyeron que las personas con niveles más elevados de estos rasgos tienen una mayor presencia en los puestos de liderazgo, especialmente en los cargos ejecutivos de mayor jerarquía.
¿Por qué logran ascender?
La respuesta no parece estar únicamente en la personalidad, sino también en cómo las organizaciones interpretan determinados comportamientos.
Una investigación publicada por Zhou y colaboradores (2020) encontró que las personas con mayores niveles de narcisismo suelen mostrar una energía laboral muy elevada, una fuerte necesidad de liderar y una gran disposición para asumir protagonismo.
Además, ese impulso aumenta a medida que avanzan dentro de la estructura organizacional.
En la práctica, esto significa que suelen ofrecerse para proyectos visibles, participan activamente en la toma de decisiones y proyectan una imagen de seguridad que muchas veces resulta atractiva para quienes evalúan promociones.
La confianza excesiva puede confundirse con capacidad.
La facilidad para hablar en público puede interpretarse como liderazgo.
Y la ausencia de dudas frente a escenarios complejos puede percibirse como una fortaleza, incluso cuando las decisiones no siempre sean las mejores.
El carisma puede abrir puertas
La investigación también ayuda a entender por qué algunas personas generan una impresión tan positiva durante procesos de selección o promoción.
Los seres humanos tendemos a asociar seguridad con competencia.
Quien habla con convicción, transmite certezas y parece tener todas las respuestas suele ser percibido como un líder natural.
Sin embargo, esa primera impresión no siempre coincide con el desempeño real una vez que esa persona ocupa un cargo de responsabilidad.
Por eso, cada vez más organizaciones incorporan evaluaciones de liderazgo que van más allá de la entrevista tradicional y analizan competencias como la empatía, la capacidad para desarrollar equipos, la inteligencia emocional y la toma ética de decisiones.
No todo es negativo
La evidencia científica también invita a evitar conclusiones simplistas.
Una revisión sistemática de 15 estudios académicos publicados desde 2014 encontró que algunos niveles moderados de narcisismo pueden aportar beneficios en determinados contextos.
Entre ellos aparecen:
- Mayor autoconfianza.
- Capacidad de persuasión.
- Facilidad para tomar decisiones difíciles.
- Mejor desempeño en entornos altamente competitivos.
En otras palabras, ciertos rasgos que forman parte de la Tríada Oscura pueden resultar útiles cuando se presentan de manera moderada y están acompañados por otras habilidades de liderazgo.
El problema surge cuando esas características se vuelven dominantes.
Ascienden más rápido, pero no necesariamente lideran mejor
El mismo análisis científico encontró el dato más revelador.
Los líderes con niveles elevados de rasgos de la Tríada Oscura suelen mostrar un peor desempeño organizacional, especialmente cuando se evalúan resultados sostenidos en el tiempo.
Es decir, pueden ascender con rapidez gracias a su seguridad, ambición y capacidad para influir en otros, pero una vez en posiciones de poder tienen mayores dificultades para construir equipos, generar confianza y mantener un buen clima laboral.
Ese fenómeno ayuda a explicar por qué algunas personas alcanzan cargos directivos en poco tiempo y, sin embargo, terminan generando altos niveles de rotación, conflictos internos o pérdida de compromiso entre los colaboradores.
Un desafío para Recursos Humanos
Para quienes trabajan en selección y desarrollo de talento, estas investigaciones dejan una enseñanza importante.
El liderazgo efectivo no depende únicamente del carisma ni de la capacidad para proyectar confianza.
También requiere escucha, empatía, integridad, colaboración y la capacidad de hacer crecer a otras personas.
Evaluar únicamente la presencia ejecutiva o la facilidad para persuadir puede llevar a promover perfiles que impresionan en las primeras etapas, pero que luego tienen dificultades para sostener resultados.
La evidencia científica no afirma que todos los CEOs o directivos sean narcisistas. Lo que muestra es algo mucho más interesante: ciertos rasgos de personalidad pueden acelerar el ascenso profesional, pero no garantizan un liderazgo exitoso.
Y esa diferencia puede ser una de las claves para construir organizaciones más saludables y equipos de alto rendimiento.

