En los últimos años, el debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en el empleo se ha intensificado. Si bien muchas tecnologías prometen aumentar la productividad, mejorar la eficiencia y abrir nuevas oportunidades profesionales, también existe una preocupación creciente entre economistas, sociólogos y especialistas en tecnología sobre el posible desplazamiento masivo de trabajadores.
Uno de los conceptos más provocadores dentro de esta discusión es el de “the useless class” —traducido informalmente como “la clase inútil”—, una expresión que busca describir a una población potencialmente creciente de personas cuyas habilidades podrían dejar de ser necesarias en una economía dominada por algoritmos, automatización y sistemas inteligentes.

El origen del concepto
El término fue popularizado por el historiador y pensador israelí Yuval Noah Harari, autor de libros como Homo Deus: A Brief History of Tomorrow y 21 Lessons for the 21st Century.
Harari plantea que, a lo largo de la historia, los avances tecnológicos siempre destruyeron algunos empleos pero también crearon otros. Sin embargo, advierte que la inteligencia artificial podría ser la primera tecnología capaz de reemplazar simultáneamente muchas capacidades humanas, tanto físicas como cognitivas.
Esto significaría que millones de trabajadores podrían enfrentar dificultades para reinsertarse en el mercado laboral si las máquinas comienzan a realizar tareas complejas con mayor rapidez, menor costo y mayor precisión.
Automatización y nuevas desigualdades
El concepto de “clase inútil” no implica que las personas carezcan de valor como individuos. Más bien describe una posible exclusión del sistema económico tradicional.
En un escenario altamente automatizado, muchas tareas hoy realizadas por humanos podrían ser ejecutadas por sistemas de IA:
- análisis de datos
- programación básica
- atención al cliente
- logística y planificación
- procesos administrativos
- diagnósticos técnicos
Incluso profesiones que durante décadas se consideraron seguras —como abogados junior, contadores o analistas— ya están viendo cómo herramientas de IA pueden realizar parte de su trabajo en segundos.
Esto podría generar una brecha creciente entre quienes diseñan, controlan o trabajan con tecnología avanzada y quienes quedan fuera de ese ecosistema productivo.
El desafío para Recursos Humanos
Para los especialistas en recursos humanos, este escenario plantea una pregunta clave: ¿Cómo evitar que grandes sectores de la población queden desplazados del mercado laboral?
Aquí aparece un concepto fundamental: la reconversión profesional.
Las empresas y organizaciones de talento están comenzando a priorizar habilidades que las máquinas aún no pueden replicar fácilmente, como:
- pensamiento crítico
- creatividad
- inteligencia emocional
- liderazgo
- comunicación intercultural
- adaptación al cambio
Además, el aprendizaje continuo se vuelve una condición esencial para la empleabilidad. Profesionales que antes podían trabajar décadas con la misma formación ahora deberán actualizar sus habilidades de manera permanente.
Un futuro que todavía se está escribiendo
Aunque el concepto de “the useless class” genera preocupación, muchos expertos sostienen que la historia demuestra que las sociedades también crean nuevas profesiones cuando aparecen tecnologías disruptivas.
Hace apenas 20 años no existían trabajos como:
- especialista en ciberseguridad
- analista de datos masivos
- gestor de comunidades digitales
- diseñador de experiencia de usuario
- ingeniero de prompts para IA
La inteligencia artificial también está generando nuevas industrias, desde la robótica hasta la economía de datos.
Por eso, más que hablar de una “clase inútil”, algunos especialistas prefieren pensar en una transición profunda del mercado laboral, donde las habilidades humanas deberán adaptarse a un entorno cada vez más tecnológico.
El papel de las empresas de talento
Para plataformas de reclutamiento internacional como BajaStarTalent, este debate es especialmente relevante.
El futuro del trabajo no dependerá únicamente de la tecnología, sino también de cómo las organizaciones identifiquen, desarrollen y acompañen el talento humano.
La verdadera pregunta ya no es si la inteligencia artificial cambiará el empleo.
La pregunta es qué habilidades seguirán siendo exclusivamente humanas en un mundo cada vez más automatizado.
Y, en ese contexto, la capacidad de aprender, adaptarse y colaborar seguirá siendo el recurso más valioso del mercado laboral global.

